Un equipo de investigación de la Universidad de Virginia ha creado un dron UAV de impresión 3D para el Departamento de Defensa. En construcción durante tres años, el avión, no más grande que un avión de control remoto, puede llevar una carga útil de 0.68 kg. En caso de accidente o necesidad de algún ajuste en el diseño para una nueva misión, se puede imprimir otro similar en menos de un día por $2,500. Está hecho con piezas accesibles y tiene un teléfono Android como cerebro.

“No estábamos seguros de que se pudiera hacer algo lo suficientemente ligero y resistente como para volar”, dice David Sheffler, quien dirigió el proyecto. Sheffler es un antiguo ingeniero de Pratt & Whitney y Rolls-Royce que ahora enseña en la universidad. Después de crear un motor de jet de impresión 3D en una de sus clases, la corporación MITRE, un contratista DoD, le pidió crear un UAV de impresión 3D que se pudiera modificar y construir con piezas que estuvieran disponibles fácilmente.

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El primer prototipo, el modelo anaranjado y azul que se ve en el vídeo anterior, estaba basado en un avión radio controlado (RC) convencional hecho de madera de balsa, la cual es más ligera y resistente que el plástico ABS usado en las impresoras 3D de la universidad. El mismo avión hecho de plástico hubiera pesado cinco veces más que la versión en madera. “Se está imprimiendo a partir de un material que realmente no es apropiado para hacer un avión”, explica Sheffler. Además, la forma en que funciona la impresión 3D, construyendo piezas en capas, conlleva a una debilidad estructural en el avión.

Para tener en cuenta estas desventajas, el equipó de Sheffer volvió a trabajar el diseño. Se decidieron por un diseño de “ala voladora”, en el cual todo el avión es básicamente una sola ala y lo llamaron Razor.

El último (tercer) prototipo está hecho de nueve piezas impresas que se unen como LEGO. El centro del avión es una sola pieza con una escotilla desmontable que da acceso a la bodega de carga interior. Todos los equipos electrónicos están ahí, incluyendo el teléfono inteligente Google Nexus 5 que ejecuta las aplicaciones de aviónica diseñadas para este caso, las cuales controlan el avión. Un autopiloto de avión RC maneja las superficies de control con la información que llega del teléfono. La estructura de ala del Razor es una pieza, con un alerón, aletas y un montaje para el pequeño motor a reacción.

El avión, con una envergadura de cuatro pies (1.22 metros), pesa apenas 0.82 kg. Cargado con todos los equipos electrónicos, se queda un poco por debajo de los 3 kg. Esto le permite volar a 64 km/h durante 45 minutos, aunque el equipo trabaja para llegar hasta una hora. El equipo cree que el avión podría llegar hasta 190 km/h a costa de una batería con más potencia.

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Puede transportar una carga de 0.68 kg, por lo que no sería ningún problema agregarle una cámara. Las baterías tardan dos horas para cargarse completamente y se pueden intercambiar con facilidad, por lo que, si se tienen tres o cuatro empaques a mano, el Razor puede permanecer en el aire de forma continua. El avión puede controlarse hasta una distancia de 1.6 km o volar por sí mismo usando unos puntos de navegación precargados en un GPS. El equipo también hace uso de la 4G LTE de Nexus, lo que implica que se pueden enviar las órdenes desde distancias más alejadas, aunque las directrices de la FAA impiden que se hagan pruebas a gran distancia.

He aquí cuando la impresión 3D resulta realmente conveniente: El diseño se puede modificar y reimprimir fácilmente a uno más grande o más pequeño, para que lleve un sensor o una cámara, o para que vuele más despacio o más rápido. El avión se puede construir en 31 horas, con materiales que tienen un costo de $800. Los equipos electrónicos elevan el precio hasta los $2,500. Esto es muy barato y efectivamente desechable, especialmente porque se puede construir otro donde quiera que se pueda poner una impresora 3D. Si una versión es defectuosa o destruida, simplemente se puede sacar otra.

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Aunque el contrato de investigación del equipo ha concluido, esperan obtener otro el próximo año. Si Sheffler está en lo cierto sobre cómo evolucionará la tecnología, MITRE y la DoD serán lo suficientemente sabios para extender la asociación. “La impresión 3D está en la fase en la que estaban los ordenadores personales en los 80″, dice Sheffler. “La tecnología no tiene fronteras”.

Fuente: Wired.com

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