El mundo de las competiciones vivió sin dudas un momento “creativo” a lo largo de los años Ochenta. En aquellos años el grupo Fiat compró Alfa Romeo, haciéndose con casi todas las marcas italianas. Aquella época coincide con uno de los momentos más oscuros en el largo paso de Ferrari en la Fórmula 1. En este escenario, Alfa Romeo seguía apostando por la F1 firmando un contrato con Ligier para desarrollar un motor V10 atmosférico – adaptándose así al cambio de reglamento que pondría fin a los motores turbo. Sin embargo la adquisición por parte de Fiat en 1986 cambió todas las cartas sobre la mesa.

Nace el Alfa Romeo 164 Procar

Fiat dejó claro que no podía permitirse el lujo de financiar una dañina competencia interna entre Alfa Romeo y Ferrari. El contrato con Ligier fue cancelado, así como el compromiso de Alfa Romeo con la Fórmula 1. El motor V10, sin embargo, estaba listo: quince unidades iban rodando en los bancos de pruebas. Con un ángulo de 72 ° y 3,5 litros de cilindrada, este motor rendía unos 620 CV a más de 13.000 rpm y 383 Nm de par motor a 9500 rpm: sus características parecían las que se impondrían en la F1 de los Noventa.

Sólo faltaba un coche con el que estrenar esta poderosa unidad: nació así el Alfa Romeo 164 Pro-Car, uno de los proyectos más impresionantes de la historia.

Este modelo se construyó para competir en el campeonato Production Cars, una intuición de Bernie Ecclestone que nunca llegó a nacer. La idea era vestir una mecánica de F1 con una carrocería de serie: el recién nacido Alfa 164 pareció el candidato perfecto. El chasis era monocasco en Kevlar y la suspensión seguía el esquema de varillas de empuje utilizado en F1. El fondo plano, terminado con un gran difusor, estaba pensado para velocidades superiores a 350 km/h. Las prestaciones eran fulminantes y el 0/100 se completaba en tan sólo 2,1 segundos.

El escaso interés demostrado por los otros fabricantes acabaron con la nueva categoría antes de su nacimiento y el 164 fue el único Pro Car construido. Su única aparición oficial fue en el legendario trazado de Monza, coincidiendo con del Gran Premio de F1 de 1988, cuando Riccardo Patrese “voló” a más de 330 horarios en las rectas del circuito italiano. Tras aquella inolvidable aparición, el 164 Procar

En 1996 hizo su debut en la Fórmula 1 el primer monoplaza Ferrari dotado de un motor V10. Entre los ingenieros que habían diseñado esta nueva unidad destacaba Pino d’Agostino, autor, diez años antes, del Alfa Romeo V1035. Las diferencias entre los dos motores son sustanciales: el Ferrari 046 tiene la distribución por cascada de engranajes mientras el Alfa utiliza una correa dentada; las válvulas del motor de Maranello son neumáticas mientras en el de Arese son tradicionales, con muelle helicoidal. A pesar de estas diferencias, las dos unidades comparten la elección de una V inusual (por el momento) entre el dos bancadas: 72° en el Alfa Romeo y 75° en el Ferrari.

En conclusión podemos decir que, aunque el Alfa Romeo 164 Procar nunca llegó a competir, parte de su espíritu acabó inspirando el primer Ferrari del cambio, el coche que, en manos de Schumacher, acabaría, años después, imponiéndose como el mejor coche de Fórmula 1 del nuevo milenio.

Luca Parretti

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