Historia-naval-Santisima-Trinidad-4Tras descubrir en una primera parte la construcción del Santísima Trinidad, en esta segunda parte iniciaremos la narración de las hazañas del navío en combate.

En 1779 el Rey de España Carlos III firma una alianza con su homónimo francés Luis XVI, para contrarrestar la política expansiva y de hostigamiento que el Rey inglés, Jorge III, había iniciado sobre los intereses de los dos primeros.

A raíz de esta alianza, al “Santísima Trinidad” le es encomendada su primera misión de guerra, al ser asignado como buque insignia de una escuadra franco-española de casi 70 buques, y que al mando de Don Luís de Córdoba (que iza su pabellón en el Trinidad), junto al almirante Comte francés D`Ovilliers, se adentran en el Canal de la Mancha con la misión de desembarcar a un contingente de 40.000 infantes en tierras inglesas, en un nuevo intento de conquista de las Islas Británicas.

Al mismo tiempo, en el mes de agosto de 1779, el mando naval inglés arma una flota de 40 navíos, al mando del almirante Hardy, con la misión de interceptar y enviar al fondo a cualquier navío o convoy enemigo que fuera interceptado.

Para completar la flota inglesa, el capitán Philip Boteler, al mando del navío de 64 cañones Ardent, que encabeza una flotilla compuesta por otros dos del mismo porte, el Marlborough y el Stratford, recibe la orden de zarpar desde el puerto de Plymouth. El 17 de agosto, el Marlborough divisa varias naves desconocidas, que izan señales interrogatorias cuestionándoles a los ingleses su procedencia. Boteler, confiando en que se trataba de navíos de la escuadra de Hardy inicia maniobra de aproximación percatándose, cuando ya se encontraban a menos de dos millas de distancia, de que en realidad se trataba de una avanzadilla de 3 navíos enemigos: El línea español Princesa, y las fragatas francesas Chantil y Juno. Los ingleses comienzan una maniobra evasiva, largando trapo con viento de popa, pero al poco de iniciar nuevo rumbo, frente a estos se sitúa un “castillo flotante” de 3 puentes, que les corta el paso. Dos únicas andanadas enviadas desde las 50 bocas de fuego del costado de babor del Santísima Trinidad, lanzadas desde más de una milla de distancia, causa diversos daños y bajas en el Ardent, y son suficientes, unido al acoso y varias andanadas con las que la escuadra perseguidora “rocían” a los otros dos bajeles ingleses, para que el capitán Boteler rinda los navíos al almirante español.

La primera intervención en combate del Trinidad se salda con el apresamiento de los 3 navíos ingleses.

Historia naval Santisima Trinidad 2El intento de desembarco en las islas británicas no pudo culminarse por causas ajenas a la confrontación naval. Si la “Armada Invencible” fue “vencida” por los elementos, la flota franco-española de Córdoba y D`Ovilliers, tuvo que volver al puerto galo de Brest en septiembre de 1779, al ser “atacadas” sus dotaciones por graves problemas de salud de manera inmisericorde, entre ellos una epidemia de escorbuto, obligando a los almirantes al mando a tomar la decisión de abandonar la misión encomendada.

La segunda misión de guerra asignada al “Escorial de los Mares” fue la de capitanear una escuadra de 20 navíos, con la orden de bloquear la posición que mantenía, y aún hoy en día mantiene, el Imperio Británico en territorio de la península ibérica, el Peñón de Gibraltar.

Pero durante este bloqueo no fueron ni las baterías de costa británicas ni las de los navíos de la Royal Navy los que hostigaron al grandioso buque español. De nuevo los elementos ejercieron una nefasta presión sobre los bajeles de la combinada. Violentas olas que un fuerte temporal arrojaba contra el “Trinidad” hicieron que sus anclas “garrearan” sin control, aproximando al navío peligrosamente hacia las baterías de costa. Ante la peligrosidad de la situación el comandante del buque, el Capitán de Navío Daoiz, sugirió a Córdoba largar todo el trapo de proa para alejarse del peligro de quedar a merced del fuego enemigo, y sin posibilidad de defensa.

Con mucha briega del personal de a bordo se consiguió separarse de la amenazadora costa, pero un súbito cambio del viento huracanado lanzó al Trinidad, y a gran parte de su escuadra, sobre la costa marroquí, a la altura del Cabo Espartel, cuyos salientes rocosos amenazaban con mandar el barco a pique. Después de una lucha titánica del timonel, y los mandos certeros del Capitán Daoiz, las 2500 toneladas del mastodonte español pudieron esquivar el peligro y encontrar abrigo en un pequeño puerto natural en la parte oriental del cabo.

Historia naval Santisima Trinidad 5Pero los daños, tanto del insignia como del resto de su flota fueron cuantiosos, por lo que en enero de 1780 se tuvo que abandonar el bloqueo y arribar al puerto de Cádiz para reparar daños.

En ese mismo año de 1780 la corona inglesa se mantenía decidida a defender a toda costa sus posesiones en ultramar, por lo que Jorge III ordenó al almirante Wade zarpar desde Plymouth, al mando de una escuadra de 10 navíos de linea y 6 fragatas, que daban escolta a 70 bajeles de la “Carrera de las Indias” inglesa, los denominados “East Indiamen”, que transportaban gran cantidad de material y pertrechos militares, para avituallar y fortalecer a las tropas que defendían sus posesiones, tanto en Jamaica como en la India.

A principios de agosto, la flota inglesa, a la altura del Cabo de Finisterre, se dividió en dos grupos. El primero, con Wade al mando, mantuvo rumbo paralelo a la costa portuguesa, estaba formado por 10 bajeles de guerra y 45 East Indiamen, buscando hacer escala en “La Roca”, para luego proseguir con rumbo a la India. El segundo, al mando del contralmirante Hawkins y formado por 6 navíos de guerra y 25 transportes, puso rumbo oeste en dirección a Jamaica.

Pero la singladura del almirante Wade no estaba llamada a ser lo placentera que el marino inglés hubiera deseado; y es que el almirante Córdoba, informado por la inteligencia francesa de la iniciativa británica, no había dado un momento de descanso a los astilleros gaditanos, y a principios de agosto de 1780 ya se encontraba a la altura del Cabo San Vicente, al mando de 17 navíos españoles y 13 franceses, con la misión de frustrar el pretendido envío inglés a sus colonias.

De resultas del encuentro de las dos flotas en aguas al sur de Portugal, Córdoba regresó a Cádiz dando escolta a 52 naves apresadas, entre ellas las 6 fragatas de guerra de Wade. Este, a bordo del navío de linea de 74 cañones “Ramillies”, pudo escapar de la persecución a la que fue sometido, y buscar refugio en el Peñón, donde pudo cobijarse, gracias a la cobertura prestada por las baterías de costa.

Historia naval Santisima Trinidad 3Con el tiempo necesario para un breve descanso de la tripulación y aparejamiento del buque, en el verano de 1781 de nuevo el “Trinidad” se hizo a la mar, arbolando el pabellón de Córdoba, al frente de 30 barcos españoles, que una vez reunidos en el Mediterráneo con otros 25 franceses, al mando de los Comandantes D`Guichen y Lamotte-Piquet, pusieron rumbo a la isla de Menorca, para trasladar y dar apoyo a las fuerzas terrestres designadas para la reconquista de las Islas. Aunque la misión naval no contemplaba más que el desembarco de tropas, según el plan trazado por el Duque de Guillón, al mando de las operaciones, el “Santísima Trinidad” se situó en la bocana del puerto de Mahón, a escasos 800 metros del castillo de San Felipe, manteniendo un martilleo continuo de artillería sobre la plaza, lo que ayudó en gran manera a su rendición, como más tarde reconocería el propio General Murray, jefe de la defensa inglesa.

Tras esta acción la flota española regresó a Cádiz, pero acto seguido, cuando los informantes aliados revelaron las intenciones inglesas de atacar un puerto del norte de España, de nuevo el almirante Córdoba puso en rumbo al “Santísima Trinidad” hacia esas aguas, a la cabeza de una flota combinada compuesta de 37 navíos de linea y 12 fragatas.

A mediados de agosto en las cercanías de los islotes de Sisagras, frente a la Costa da Morte gallega, topó de encontrada con una escuadra enemiga formada por siete buques de guerra y 20 transportes, comandada por el almirante Cord, que desde el puerto de Porstmouth partieron en una singladura que tenía su destino en la costas de Newfoundland, actual Canadá.

Ante la superioridad numérica franco-española y la fama adquirida del insignia español, el almirante Cord optó por emprender huida hacia el destino marcado, viendo como una descarga de las baterías de babor del “Trinidad” provocaban la rendición del convoy mercante.

Por este hecho el almirante inglés tuvo que responder ante una corte marcial, que lo suspendió de todo mando, y ante la que manifestó que oponer resistencia a una flota superior, además comandada por un “demonio marino”, que es como calificó al “Santísima Trinidad”, hubiera sido un suicidio innecesario. Finalmente apostilló que para poder medirse con el insignia español con alguna garantía de éxito, solo sería posible en superioridad numérica, vaticinio que con el paso de los años se demostró.

Veinte días después de la arribada a Cádiz con los buques ingleses apresados, de nuevo partió el navío español hacia aguas de Gibraltar, en apoyo y rescate de la flotilla de cañoneras del Jefe de Escuadra Barceló.

De regreso a puerto, la Capitanía General de Cádiz decidió recubrir la obra viva del casco del navío con planchas de cobre, mejorando así su flotabilidad y aptitudes marineras.

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Diorama del “acoso al Santísima Trinidad”, en la batalla de Trafalgar. (Maquetista: Curro Agudo Mangas)

La fama del “Escorial de los Mares” ya le precedía, por lo que en octubre de 1782, el almirante Howe, que volaba su pabellón en el mítico “HMS Victory”, al frente de una escuadra de 34 buques de guerra y 32 transportes, y cuya misión consistía en conducir estos transportes hasta el asediado Peñón de Gibraltar, eludió combate directo con el “Trinidad”, que nuevamente iba al frente de la combinada, con la que el Inglés jugó al “ratón y el gato” durante los días de singladura.

Por esta acción de manifiesta cobardía, según el almirantazgo Inglés, Howe fue suspendido del mando durante 4 años, no siendo más severo el castigo porque, al fin y al cabo, completó con éxito el encargo de llevar los buques de transporte hasta puerto gibraltareño. Como anécdota, cuando fue interpelado por el hecho de no haber presentado su costado en batalla directa con el “Santísima Trinidad”, sus palabras corroboraron la sensación que el buque español causaba entre sus enemigos, al manifestar que obró como hubiera hecho “cualquier marino en su sano juicio”.

Y hasta aquí la narración de las “glorias” del “Santísima Trinidad”, ya que la tercera entrega de nuestro artículo-resumen de la historia de este formidable buque hablaremos del preludio de su final; la batalla naval del Cabo de San Vicente, y de su último y definitivo combate en Trafalgar.

Continuará…

 

Autor: Ildefonso Rubio

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