Historia naval Santisima Trinidad GOhobby 2
Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin

…Y llegó el momento de hablar del navío más intimidatorio que conoció la época de oro de la navegación a vela. El más famoso, temido y admirado insignia español en nuestra historia naval: El Santísima Trinidad.

Dada la importancia que este histórico buque español atesora dentro de la historia de la navegación a vela, para España y para el mundo, y al objeto de, aunque de forma lo más resumida posible, no obviar ninguno de los hechos protagonizados por el navío, que define perfectamente el auge y la decadencia final de la Armada Española en esos tiempos, os proponemos dividir este artículo en 3 partes: la primera contando la historia de su construcción y puesta en servicio; una segunda de sus actos bélicos más resaltables; para finalizar con la descripción de su final en la Batalla de Trafalgar, y la posibilidad de construir una maqueta del navío para los modelistas afanados.

Durante el siglo XVIII, la marina de guerra española estaba considerada como ejemplo a seguir por las demás armadas, teniendo la vitola de ser la más potente del orbe. En este siglo, la mayoría de las unidades que la componían eran navíos con un porte nominal de 74 piezas de fuego, aunque se construyeron algunos buques que repartían más de 100 piezas artilleras en tres puentes, como por ejemplo el “Real Felipe”, construido en los astilleros de Guarnizo en 1732, y que marcó el inicio de una tendencia a construir buques más voluminosos, con mayor potencia de fuego y más resistentes al castigo enemigo.

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Recreación pictórica del “3 puentes” Real Felipe

Ante la creciente hostilidad entre los reinos de España e Inglaterra, el monarca español Carlos III observó la necesidad de potenciar la flota española para contrarrestar el notable crecimiento en potencia que experimentaba la Royal Navy, por lo que instó a los mandos navales a buscar la forma de potenciar su armada.

Y cumplimentando estos deseos, por Real Orden de 23 de octubre de 1767, se comienza la construcción, en los astilleros de La Habana, del navío que estaba llamado a ser el buque insignia español, y que encabezaría esa gran flota que confrontaría con la fuerte armada británica. El buque, bajo diseño del constructor irlandés Matthew Mullan, sería en principio un tres puentes, con 112 piezas artilleras, y construido con troncos de caguairán para la quilla, caoba y júcaro para su casco, y 60 pinos mejicanos para componer la arboladura.

Una vez comenzada su construcción, el dique nº4 del astillero habanero tuvo que ser alargado 30 metros, para dar cabida a un “mastodonte” de 55 metros de eslora (47 de quilla), cuyo palo mayor se elevaba por encima de los 50 metros sobre la cubierta, y con un desplazamiento, solo en madera de construcción, de 2200 toneladas. Matthew Mullan murió casi al inicio de la obra, por lo que esta fue llevada a término por su hijo Ignacio, mientras que las estancias interiores, que albergaban los 112 cañones, fueron diseñados por Pedro Acosta.

A principios de 1768, el Conde de Aranda presentó al Rey el expediente de construcción del navío, con un coste de 40.000 pesos, y al que el monarca, por Real Orden de 12 de marzo de 1769, bautizaba como Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, en honor de las imágenes que presidían la capilla particular de palacio.

Historia naval Santisima Trinidad GOhobby 3El 20 de marzo de 1769 fue botado, realizando su primera travesía de prueba en las aguas del malecón habanero. Y desde el primer momento se observaron los fallos de los que adolecía el diseño del buque, que provocaban una dificultosa maniobra, lo que ocasionó que este, cuando surcaba el canal navegable del puerto de La Habana, se desviara unos metros, topando su obra viva con los farallones del fondo y provocando “heridas” en su casco.

El Capitán de Navío Joaquín Maguna fue el designado para conducir el navío hasta su base en el puerto de El Ferrol, lugar designado por expreso deseo del monarca español. Así, el 12 de abril de 1770, el Santísima Trinidad enfilaba la Ría de Vigo, ante la mirada asombrada de sus habitantes ante tan descomunal buque de guerra.

Durante esta travesía el Capitán Maguna no quedaría satisfecho por el comportamiento en navegación del barco, e informó que la derrota del buque caía hacia la derecha al recoger lona, y que entraba abundante agua por las troneras de la primera batería cuando la mar se embravecía un tanto, a la vez que se mostraba dificultades a su buena gobernabilidad. Esto estaba provocado por la utilización de maderos demasiado gruesos en la tercera batería, por lo que el centro de gravedad del buque quedaba desplazado en su vertical, quedando la línea de flotación diseñada por Mullan dos metros por debajo de lo estipulado, lo que provocaba una resistencia a la navegación de su proa dos veces por encima de la de cualquier otro buque de porte similar, a la vez que quitaba efectividad a la quilla.

Después de la escala viguesa, en cuyos astilleros se ensancharon las vergas de los palos trinquete y mesana, partió hacia su base de Ferrol, donde los lugareños bautizaron al imponente navío como El Escorial de los mares.

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Maqueta en hueso del Santísima Trinidad, que fue propiedad del Almirante Cisneros. Museo Naval de Argentina

Por estos motivos, el Santísima sufrió su primera remodelación, subiéndose a dique seco en los astilleros de La Graña, y después de revisados los planos originales, se le alargó la quilla en tres metros y se estrechó la distancia entre la 2ª y 3ª batería. Con estos cambios el buque “creció” hasta los 58 metros de eslora, sobre una quilla de 50 metros. A la vez, se le incorporaron más cañones en la 3ª batería, y se le sumó una cuarta, que acrecentó sus problemas de navegabilidad, ya que se primó el aumento de la potencia ofensiva sobre su navegación y maniobrabilidad.

De esta “guisa” partió hacia Cádiz, donde de nuevo fue subido a dique seco, ensanchándose las vergas del palo Mayor y del de Mesana, se elevó mínimamente el Bauprés, repartiéndose la carga de lastre y contrapesos en las bodegas, con el objetivo de bajar su centro de gravedad, además de añadirle nuevas piezas de artillería, alterando sus líneas maestras y esquema del buque. Al parecer, esto hizo que el bajel apreciara una leve mejoría.

Con estas especificaciones quedó el navío listo para su entrada en acción, que desde luego fue promiscua, pero que narraremos en la siguiente entrega. Espero que en el lector, que no conociera en detalle este majestuoso navío, haya nacido el interés por seguir su historia bélica.

Continuará…

 

Autor: Ildefonso Rubio

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