El segundo conflicto mundial marcó un antes y un después en la aviación. Si la primera guerra mundial fue la primera gran contienda en la que los países involucrados estrenaron sus propias “fuerzas del aire”, fue en la segunda cuando la aviación cumplió un papel fundamental. Episodios cruciales como Pearl Harbour, los bombardeos que devastaron las principales ciudades europeas o bien la creación de una cartografía moderna se deben en gran medida a los ases del aire. En una década se pasó de los antiguos biplanos, herencia de la Gran Guerra, a los primeros cazas a reacción: la tecnología fue determinante y cada país se esforzó para crear sus modelos estratégicos. Con tanta carne al fuego resulta incluso difícil seleccionar 10 modelos, pues hubo al menos 10 modelos clave por país. Vamos a intentar recoger algunos de los más emblemáticos.

FOCKE WULF FW 190 A

Los alemanes hicieron famoso al FOCKE WULF FW 190 A: fue probablemente el modelo más potente utilizado por la Luftwaffe y pronto se transformó en el terror de las flyng fortress estadounidenses. Este modelo fue utilizado a fondo para proteger los cielos alemanes durante todo 1944. El as alemán Otto Kittel, a bordo de este modelo logró abatir hasta 267 aviones enemigos.

P-51 Mustang

En 1939 la RAF encargó a los Estados Unidos una remesa de obsoletos P-40 Warhawk. Los americanos, en tan solo 117 días diseñaron y realizaron un modelo completamente nuevo, el Mustang. Este avión, modificado repetidamente durante el conflicto, se confirmó como uno de los mejores de todas las fuerzas aliadas. Fue un excelente bombardero y llevó a cabo una infinidad de misiones.

Supermarine Spitfire

Es el icono de la resistencia inglesa contra el ataque alemán. Se hizo célebre en los duelos entre pilotos. Sus puntos fuertes eran la gran velocidad máxima, su agilidad y sobre todo el poder de fuego de sus 8 ametralladoras.

MITSUBISHI A6M ZERO

En las primeras fases del conflicto ningún avión americano disponía de la agilidad, de la potencia de fuego y de la autonomía del Zero. Tras su debut en la guerra contra China, el Zero protagonizó la batalla de Pearl Harbour, donde pudo demostrar todo su potencial destructivo. No era el único avión en dotación a las fuerzas aéreas niponas pero su gran alcance le permitía ser siempre el primero en cruzarse con el enemigo. Durante la guerra este avión no recibió mejoras y en la fase final del conflicto se convirtió en la temida arma de los kamikazes.

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Fue el avión del que más ejemplares se construyeron a lo largo de la Segunda Guerra Mundial: 36.000 unidades. Se le conocía con el apodo de “tanque volador” por su extenso blindaje. Fue una pieza clave en la resistencia rusa. Podía llevar hasta 1400 kilos de bombas y a lo largo de su carrera dejó la configuración monoplaza para incorporar un segundo asiento dotado de ametralladora.

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