Como descubrimos en la primera parte del reportaje, la Guerra de Corea marcó el inicio de la era de los aviones a reacción. El primer combate aéreo entre reactores tuvo lugar el 8 de noviembre de 1950 en la zona del río Yalú entre un Lockheed F-80 estadounidense pilotado por el teniente Russell J. Brown y un Mig-15 soviético. Este último fue derribado, y la victoria entró en los anales de la aviación de Estados Unidos. Pero las cosas no siempre fueron tan bien. El pequeño, ágil y bien armado Mig-15, desconocido en Occidente, resultó ser el mayor adversario de los cazas aliados, y su superior potencia inclinó la balanza de la supremacía aérea durante mucho tiempo.

Sabre F86 GOhobby
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Cuando apareció en Corea el caza soviético Mig-15, las fuerzas norteamericanas se vieron obligadas a desplegar el North American F-86 Sabre, su primer caza de reacción con ala de flecha.

La conmoción fue comparable a la causada en 1941 por la aparición en la guerra del Pacífico del Mitsubishi A6M, el famoso Cero Japonés, y sólo la llegada de un aparato competitivo (en este caso el North American F-86 Sabre) y la mayor experiencia de los pilotos estadounidenses consiguió reducir la ventaja enemiga y poner la situación de nuevo bajo control.

Paradójicamente, y pese a los grandes avances tecnológicos, los combates aéreos se libraron en los cielos de la misma forma que en la Segunda Guerra Mundial: la intercepción se llevaba a cabo después de la identificación visual del enemigo, seguida de la persuasión hasta que el aparato se encontraba dentro del alcance de las ametralladoras o los cañones; la victoria caía con inmutable regularidad de lado del mejor piloto. Las únicas diferencias eran que los duelos se disputaban a una cota de casi 15.000 m y a velocidades de alrededor de 1.000 km/h.

Republic F84 Guerra de Corea
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El caza más avanzado de la USAF en los cielos de Corea, el Republic F-84G Thunderjet.

Al final, las cifras confirmaron la superioridad global del poder aéreo aliado: entre diciembre de 1950 (cuando entró en servicio el Sabre) y el 27 de julio de 1953 (fecha del armisticio) fueron abatidos 792 aviones Mig-15 chinos y norcoreanos, con una proporción de doce a uno a favor de los cazas norteamericanos.

En la historia de la aviación, la confrontación entre estos dos aviones recordó la que, diez años antes, había enfrentado a los Spitfire de la RAF contra los Messerschmitt Bf 109 de la Luftwaffe. Los cielos de Corea fueron testigos de los últimos combates “tradicionales”, en los que el hombre y la máquina estaban en perfecta simbiosis, en un desafío a corta distancia con el enemigo y donde la habilidad y el valor casi siempre resultaron factores decisivos. Los ases de aquella guerra (el número uno entre los estadounidenses fue el capitán Joseph McConnell, con 16 victorias acreditadas) fueron asimismo los últimos representantes de una clase que desapareció con ellos: en los años siguientes, la concepción de los cazas sufrió una transformación radical con la electrónica y los misiles.

Las lecciones de la guerra de Corea tuvieron una inmensa importancia para ambos bandos y demostraron con claridad que la nueva era de la aviación estaba flotando entre el pasado y el futuro; sin embargo, esta etapa de transición no duró mucho. Occidente, que había visto por primera vez el nivel del poder aéreo soviético sobre el terreno, puso de inmediato su experiencia operativa en acción con nuevas investigaciones más complejas y devastadoras.

grumman f9f Guerra de Corea
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Los Grumman F9F de la Infantería de Marina operaban generalmente desde bases en tierra y sólo rara veces desde portaaviones.

Los efectos en el bloque comunista fueron similares, de manera que la guerra en Corea estimuló la carrera de armamentos. Mientras la primera generación de reactores cumplía su breve ciclo vital, ya estaba en desarrollo la segunda. El desafío era en todos los frentes: lo que estaba en juego era la supremacía absoluta.

 

Autor: Edgar Lizcano

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