Lockheed P80 Shooting Star
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El Lockheed P-80 Shooting Star, que llegó demasiado tarde para intervenir en la Segunda Guerra Mundial, entró en servicio activo en la Guerra de Corea. Tenía una velocidad adecuada, pero su armamento era insuficiente.

El primer acto de la Guerra Fría comenzó en Berlín en junio de 1948. Alemania, devastada por la Segunda Guerra Mundial, fue dividida por los Aliados en cuatro zonas de influencia, y la suerte de la capital alemana se convirtió en el motivo de disputa entre los antiguos aliados. En un bando estaban Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, con la voluntad de reconstruir Europa; en el otro lado estaba la URSS, con objetivos expansionistas. Stalin quería incluir Berlín en la zona soviética y dar así el primer paso hacia la anexión de toda Alemania. El bloqueo de la ciudad y de todas sus carreteras fue el primer intento de arrebatársela a los Aliados. Fue un momento de gran tensión, recordado en la actualidad como aquel en que más cerca estuvo de estallar la Tercera Guerra Mundial.

El punto crítico se produjo el 27 de junio, cuando Occidente decidió aceptar el desafío y responder con una de las operaciones militares más espectaculares jamás realizadas en tiempo de paz: el histórico puente aéreo para suministrar a la capital alemana y a sus dos millones y medio de habitantes los alimentos, combustible, artículos básicos y todo lo necesario para la supervivencia. Fue un esfuerzo inmenso, una auténtica prueba de fuerza llevada a cabo bajo la mirada de los ejércitos soviéticos, que esperaban para intervenir al primer signo de debilidad.

El continuo e imparable flujo de aviones de transporte estadounidenses, británicos, canadienses, australianos, neozelandeses y sudafricanos abasteció Berlín desde el cielo, y el 11 de mayo de 1949, cuando se hizo evidente que la operación podría continuar por tiempo indefinido, se levantó por fin el bloqueo de la ciudad. El puente aéreo, no obstante, no disminuyó.

El último de los 22.278 vuelos lo efectuó el 30 de septiembre un bimotor Douglas C-47. En total, se habían transportado más de 2.326.000 toneladas de suministros, con el récord de 12.480 en un día registrado el 16 de abril. A pesar de estar dividida en dos, Berlín empezó a vivir de nuevo, pero la Guerra Fría, esta nueva amenaza, no había hecho nada más que empezar. La confrontación entre el Este y Oeste se hizo cada vez más áspera, y esta escalada terminó por condicionar las alianzas y políticas de todo el mundo, que se dividió en dos bloques de influencia.

Este periodo de la historia lo lideraron Estados Unidos y la Unión Soviética, los grandes rivales, y se caracterizó por un extremadamente delicado equilibrio de poder, siempre inestable y a punto de desembocar en la guerra armada. Los efectos de este perverso mecanismo, un auténtico equilibrio del terror, fueron increíbles. A partir de la década de 1950, la carrera de armamentos nunca se detuvo y originó unos avances sin precedentes, alimentados por la necesidad de mantener la relación de fuerzas y de confrontar constantemente al adversario con armas más potentes y efectivas. Las fuerzas aéreas experimentaron el desarrollo más espectacular.

Douglas AD-4 Skyraider
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Los Douglas AD-4 Skyraider mostraron una gran eficacia en cometidos tácticos. Su servicio activo concluyó en la guerra de Vietnam.

Con el paso de las hélices a los motores de reacción, el final de la Segunda Guerra Mundial puso término a toda una era de la historia de la aviación. El potencial del reactor se había evaluado en la última fase del conflicto, y la tecnología para explotarlo ya estaba disponible; lo que faltaba era fabricar y perfeccionar motores de reacción más potentes y fiables. En este campo, Gran Bretaña tomó la delantera en Occidente, pero Estados Unidos, gracias a la contribución en experiencia y tecnología proporcionada por su aliado, pronto recuperó el tiempo perdido.

De este modo, en la inmediata posguerra los diseñadores empezaron a crear una nueva generación de aviones de combate. Sin embargo, la escala temporal de este proceso no fue la misma en los dos bandos. En Occidente, sufrió los efectos de la producción de aviones militares y los recortes en las fuerzas armadas que caracterizaron los primeros años de paz. En el bloque del Este, con la Unión Soviética buscando consolidar su papel protagonista, las cosas fueron muy diferentes. La ya impresionante industria aeronáutica se había desarrollado al máximo, y la producción alcanzó niveles que habían pasado casi desaparecidos en el exterior.

Tras la confrontación no violenta en Berlín, sólo pasaron nueve meses hasta el primer choque armado entre estos adversarios de ideologías opuestas. Con el comienzo de la guerra de Corea, el 25 de junio de 1950, la Guerra Fría llevó la era del reactor a su madurez. En este país del Extremo Oriente, al otro lado del mundo, Estados Unidos y sus aliados tuvieron la oportunidad de probar en combate no sólo sus fuerzas, sino también la validez de las teorías y tácticas militares respetivas, por no hablar de las estrategias más apropiadas para explotar el potencial de los nuevos aviones. Dichos aviones fueron los auténticos protagonistas de esos tres años de guerra.

USAF_MiG-15
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Las fases iniciales del conflicto se libraron con aviones de hélice de la última generación como los cazas estadounidenses North American P-51 Mustang y Chance Vought F4U Corsair, o el británico Hawker Sea Fury, aviones de ataque como el Douglas AD Skyrider y el bombardero Boeing B-29. Estos aparatos habían llegado a su potencial máximo e incorporaban la mejor tecnología aeronáutica generada por la guerra recién terminada; en muchos casos, se trataba de aparatos muy eficaces. Pero en esta insólita mezcla entre lo viejo y lo nuevo, los aviones de reacción pronto tomarían el mando.

El Mig-15 de la fotografía fue capturado por los estadounidenses. Su piloto, de origen soviético, recibió una suculenta recompensa en metálico.

 

Autor: Edgar Lizcano

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