Accidente Dirigible HindenburgNingún artefacto de las primeras décadas del siglo XX resulta tan evocador de aquella época como el extraño y fascinante dirigible surcando el cielo, fuera como arma de guerra o como aeronave comercial. Pero la vida útil de los dirigibles duró poco tiempo, en gran parte a causa del terrible accidente del Hindenburg ocurrido el 6 de mayo de 1937 en Lakehurst, Nueva Jersey.

La historia del dirigible LZ (“Luftschiff Zeppelin”) 129 Hindenburg guarda un curioso paralelismo con la del Titanic y eso incluye sus respectivos tamaños, siendo el del dirigible tan sólo algo menor. Es fácil imaginar la apabullante impresión que causaría un artefacto de 245 metros de largo  y 41 de diámetro suspendido en el aire, cuando además era capaz de atravesar el océano a 130 km por hora. También había mucho de orgullo nacional en aquella aeronave, que el nazismo quiso aprovechar en beneficio propio, pese a que el LZ 129 había sido fabricado antes de la llegada de Hitler al poder.

De hecho, Goebbels presionó sin suerte para que en lugar de Hindenburg, se le  bautizase con el nombre del Führer, pero, en todo caso, el gran dirigible y su gemelo el Graf Zeppelin comenzaron su vida operativa en marzo de 1936 como instrumento de propaganda al servicio de los intereses de los mandatarios nazis, para disgusto de sus fabricantes. Una vez terminada la tarea política pudo iniciar su vida comercial con un vuelo transatlántico a Rio de Janeiro, que sería el primero de los 17 que efectuaría en 1936, totalizando 63 hasta el final de su existencia.

Volar en el Hindenburg era una experiencia fantástica para quienes podían permitirse pagar los 400 dólares del importe del pasaje entre Alemania y Estados Unidos en plena Gran Depresión. Por supuesto, era un transporte para personajes públicos y personas adineradas, y el diseño de las cabinas, del mobiliario y de los elementos auxiliares derrochaba lujo, buen gusto y confortabilidad. Y un detalle curioso, sobre todo para los tiempos que corren: aquel depósito de 200.000 metros cúbicos de hidrógeno altamente inflamable disponía, como no podía ser menos, de una sala de fumadores.

Dirigible HindenburgEl último vuelo del Hindenburg comenzó en Frankfurt el 3 de mayo de 1937 y debía ser el primero de la temporada  de viajes entre Europa y USA. Era un viaje de alrededor de 60 horas, aunque la llegada a la base aeronaval de Lakehurst, Nueva Jersey, se vio retrasada por los fuertes vientos que soportó durante la travesía y por las tormentas que se sucedieron sobre la base. A bordo viajaban 36 pasajeros (la mitad de su capacidad) y 61 tripulantes y se encontraba al mando del capitán Max Pruss. Sobre las 19 horas y a una altitud de 200 metros el dirigible inició la maniobra de amarre, una operación compleja que se desarrollaba bien hasta que, tras conectarse a la torre de anclaje, aparecieron unas primeras llamas en la superficie del Hindenburg. Eran las 19,21 horas, y sólo 15 segundos más tarde, el dirigible ardía en su mayor parte.

El gran incendio comenzó por la popa, que fue la primera que tocó tierra ya completamente en llamas mientras que, al tiempo que lo hacía, comenzaba a incendiarse la proa. Finalmente, todo el dirigible terminó de caer en medio de una gran bola de fuego. En 37 segundos se había consumado la destrucción de la aeronave, causando la muerte de 13 pasajeros, 22 tripulantes y un operario de tierra, una cifra que se antoja bastante baja para las circunstancias del accidente y la voracidad del fuego causado por el hidrógeno en combustión.

El accidente, que fue filmado y dramáticamente retransmitido por radio, ha sido objeto de infinidad de debates, especialmente sobre sus causas, más allá que el hecho de que el uso de hidrógeno en lugar de helio había sido una opción peligrosísima. Pero el helio era muy costoso para Alemania y el hidrógeno proporcionaba más ligereza. Se ha especulado con la hipótesis de un atentado antinazi, aunque las tesis mayoritarias apuntan a una fuga del gas que habría entrado en combustión al mezclarse con el aire, o al efecto del material que recubría la superficie del dirigible, si bien la rapidez con la que el fuego llegó a expandirse parece excluir esa posibilidad.

Sea como fuere, el accidente terminó con el uso comercial de los dirigibles de hidrógeno y, de hecho, supuso el fin de los días de un hito de la conquista del cielo que parecía imaginado por Julio Verne y que hoy se contempla como un icono retrofuturista.

Dirigible Hindenburg Incendio

 

Autor: Juan Rey Segura

Dejar respuesta